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domingo, 23 de octubre de 2011

POLITICOS PROFESIONALES


En realidad, no es común hablar de político “profesional”( aunque ya se comienza); en todo caso, se habla de “político” a secas, sobreentendiéndose con ello lo que está en juego: aquel que ejerce el ¿oficio? de hacer política como modo de vida.

El  núcleo de políticos profesionales es el que controla a los militantes y los manipula
El político profesional no es el ciudadano común que se involucra en los asuntos de la sociedad pública (eso no pasa nunca en nuestras democracias representativas, ¡no puede pasar nunca!) sino la persona  que se dedica a tiempo completo a moverse en el aparato de Estado, partido político, a administrar  toda esa maquinaria y conocer todos  los vericuetos íntimos del Partido  político de turno, para asegurarse su manutención. Esta noción de “político” tiene en la actualidad sus códigos propios, su historia, su identidad. Como mínimo, y aunque suene a chistoso, tiene incluso identidad hasta en su presentación formal: varón de mediana edad, o ya entrado en años  sin oficio conocido en la sociedad privada habitualmente en traje y corbata con pelo corto. Y como la mujer ya ha ingresado también a este “oficio”, por supuesto tiene su correspondiente look , su uniforme: trajecito formal, tacones, pelo recogido.

Entiende el sentido común por actividad política: algo artero, mañoso, sucio, algo que conlleva una agenda oculta non sancta. ¿Por qué? Porque el sistema de partidos políticos y de profesionales de la política que conocemos no puede llevar sino a eso: es el arte (quizá es excesivo llamarlo así: quedémonos con práctica) que consiste en mantener el statu quo, manejando (mejor aún: manipulando) las grandes masas. Es decir: la mentira bien presentada. 

“construiremos un puente… y si no hay río, ¡construiremos un río!”.

En palabras de Zbigniew Brzezinky, un ideólogo estadounidense muy transparente en sus declaraciones, “el rumbo lo marca la suma del apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas [los políticos profesionales], quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”. 

¿Quién se atreve a definir así el trabajo de un político profesional? En los manuales de Ciencia Política eso no aparece, por supuesto. Sólo la altanería que pueda dar la independencia partidista  permite decirlo sin pelos en la lengua

La “raza” de los políticos profesionales es muy singular: hay que tener una buena dosis de cinismo para poder trabajar de eso que apuntaba Valéry: “el arte de evitar que la gente participe realmente en sus asuntos”. Es decir: hay que ser un buen “mentiroso de oficio”. Pero no se trata de satanizar: los políticos profesionales, detrás de sus uniformes de combate –el traje y sus finas corbatas, o su equivalente en la versión femenina– no son tenebrosos personajes equivalentes a capos mafiosos, aunque en cierta forma así los pinte la conciencia popular. Algo de eso podrán tener  sin duda.

“¿Por qué un diputado con tan solo siete años de ejercicio opta a la jubilación con todos sus derechos y un trabajador necesita 37,5 años  según la última contrarreforma por ellos defendida?”    
     
Pero aun así,  hay políticos que merecen todo el respecto de los contribuyentes por defender los intereses  generales  por encima de los particulares, aunque estos no sean los que logran ser los más votados

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