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viernes, 27 de noviembre de 2009

UNA NOCHE OSCURA DE NIEBLA


Hace unos días me contaron una historia que dicen ocurrió hace algún tiempo, y aunque parezca sacado de una película de Alfred Hitchcock, dicen que fue real y que pasó cerca del pantano de Alarcón, en Cuenca. Después de escucharla quede tan ….. que es por ello por lo que me decidí yo a contarla a su vez ….

Me contaron que, un hombre estaba parado a la orilla de la carretera a medianoche haciendo autostop, porque se le había averiado el vehículo, y esa noche estaba cayendo una tormenta tremenda.

Pasó largo tiempo pero nadie se paraba para llevarlo. La tormenta era tan fuerte que apenas si se alcanzaba a ver a unos 3 metros de distancia. De repente, vio como un coche con las luces apagadas se acercaba lentamente, llegando casi a detenerse frente a él.

El hombre sin dudarlo ni un instante, por lo precario de su situación, se sube al coche y cierra la puerta, al sentarse y mirar hacia el asiento de al lado se da cuenta con asombro de que nadie va conduciendo el coche.

En ese instante El coche arranca suave y pausadamente. El hombre comienza a escuchar voces que susurran algo que no logra entender, y oye jadeos y quejidos, pero, no mira a nadie dentro del coche.

Mira hacia adelante, a través del parabrisas la carretera y con horror se percata de que delante hay una curva, que apenas se vislumbra entre la niebla cerrada. Totalmente asustado, y nervioso comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir el peligro de su trágico destino.

Todavía no ha terminado de salir de su espanto cuando, justo antes de llegar a la curva, aparece una mano tenebrosa por la ventanilla del conductor y mueve el volante lentamente pero con firmeza.

Paralizado por el terror y sin aliento, notando como la humedad de la entrepierna va en aumento, medio cierra los ojos y se aferra con todas sus fuerzas al asiento, inmóvil e impotente observa cómo sucede lo mismo en cada curva del oscuro camino, una mano penetra por la ventanilla y gira el volante con firmeza, los quejidos y jadeos aumentan en cada momento que penetra la mano en el vehiculo, lo que le provocaba tal espanto que cada vez se acurrucaba más en el asiento.

De pronto escucha unas voces jadeantes que parece le dicen...


- No te escondas, que te vemos,.... ¿por qué te escondes?


Totalmente helado por el pánico, tras varios segundos sin atreverse a contestar, y ante la insistencia de las voces que le repetían lo mismo una y otra vez, responde...


- Por favor no me hagáis nada!, ¡Por favor.... no!



¿Qué no te hagamos nada Cabronazo?, como no salgas del coche y empujes como los demás, te vamos a inflar a ¡¡¡¡¡¡HOSTIAS!!!!!!