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domingo, 9 de junio de 2013

LA DENTISTA



Tener una dentadura sana y cuidada nunca ha sido una necesidad especialmente barata. Según dicen Los expertos, hay que hacer al menos dos vistas anuales, (pienso que lo dicen por una cuestión económica para ellos)

Ahora está de moda eso de las clínicas con precios  low cost ( y no lo digo porque sean Argentinos). Yo la verdad es que tengo unos dientes maravillosamente  blancos y relucientes, de hecho  cuando me levanto de noche para ir al baño no necesito encender la luz, solo esbozar una sonrisa y se ilumina toda la habitación. 

Pero desde hace unos días sentía una ligera molestia en el maxilar superior izquierdo y opte por ir hacer una revisión a una de esas clínicas de low cost,  después de estar sentado cerca de media hora, haber ojeado siete revistas, ver  rostros desencajados, alguna  rodilla pegada a un muslo, y oír varios quejidos,  una señorita de bata blanca más bien corta, pronuncia mi nombre y dice: Pase

Entre en la consulta y mire con respeto a la camilla esa que tienen toda blanca  y que de verdad acojona  un huevo y parte del otro (aunque yo, tengo que destacar  que mantuve la imagen  del macho Alfa  muy dignamente), me senté  y me prepare para recibir el foco en la cara y para ser interrogado  por un ser extraño que sólo tiene dos ojos y una mascarilla en la cara.

La verdad es que eran unos ojos preciosos de un color azul como el cielo,  se sentó en el taburete a mi lado izquierdo, se reclino sobre mí, su ceñida bata blanca tenia los dos botones superiores desabrochados, dejando ver un canaliño que separaba unos senos realmente apetecibles 

"Me recuerdas a mi ex novio " (esa fue la primera frase que escuche)... "bueno, quizá eres más alto ... y más joven, claro" (¿es cosa mía o me está tirando los tejos?)... "¿cuántos años tienes?, fue la tercera frase que dijo,  rápidamente mi cabeza superior hizo los cálculos y con una intencionada sonrisa, le dije ¡¡42!!. Pues pareces más joven" (definitivamente , me está tirando los tejos). 

Después de eso me metió  un espejo en la boca, me  sobo  los labios, e incluso parte del pecho, estuvo a a punto de desencajarme la mandíbula  y  empezó  a echar aire a través de un tubito... ¿para qué? Es un misterio para mí. 

Entonces se  separo de mi lado, se quito  la mascarilla, me sonrió pícaramente (aunque tenía el foco apuntándome con toda la luz en la cara y no veía demasiado bien, pude intuir unos maravillosos labios carnosos entreabiertos )

"con bocas como esta, los dentistas nos arruinaríamos".  Me dijo

Y cuando estaba a punto de izarme de la camilla, se inclino sobre mí, con su brazo izquierdo presiono mi pecho  empujándolo hacia la blanca susodicha, y su mano derecha se fue directamente hacia mi boca,  diciendo:, “ de todas formas deberíamos arrancar esta raíz” 
Mientras sentía sus dedos en mis labios, me sentía indefenso y salivando más que el perro de Paulov, percibí como mi cabeza inferior tomaba el mando de los acontecimientos  y se preparaba  para lo que iba acontecer  en los próximos minutos, pues a la dentista le debieron caer muy bien mis encías porque se estaba cebando a gusto .


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